Al probar Jesús el vinagre, dijo: --Todo se ha cumplido. Luego inclinó la cabeza y entregó el espí­­ritu.

En ese momento entró también el otro discí­­pulo, el que habí­­a llegado primero al sepulcro; y vio y creyó. Hasta entonces no habí­­an entendido la Escritura, que dice que Jesús tení­­a que resucitar.

No está aquí­­; ¡ha resucitado! Recuerden lo que les dijo cuando todaví­­a estaba con ustedes en Galilea: Él Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, pero al tercer dí­­a resucitará.'

Entonces Jesús exclamó con fuerza: --¡Padre, en tus manos encomiendo mi espí­­ritu! Y al decir esto, expiró.

--No se asusten --les dijo--. Ustedes buscan a Jesús el nazareno, el que fue crucificado. ¡Ha resucitado! No está aquí­­. Miren el lugar donde lo pusieron.

Decí­­a: "Abba, Padre, todo es posible para ti. No me hagas beber este trago amargo,* pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú."

El ángel dijo a las mujeres: --No tengan miedo; sé que ustedes buscan a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí­­, pues ha resucitado, tal como dijo. Vengan a ver el lugar donde lo pusieron.

Mateo 27:28-29

Le quitaron la ropa y le pusieron un manto de color escarlata. Luego trenzaron una corona de espinas y se la colocaron en la cabeza, y en la mano derecha le pusieron una caña. Arrodillándose delante él, se burlaban diciendo: --¡Salve, rey de los judí­­os!

Tanto la gente que iba delante de él como la que iba detrás, gritaba: --¡Hosanna* al Hijo de David! --¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!* --¡Hosanna en las alturas!

Mateo 20:18-19

"Ahora vamos rumbo a Jerusalén, y el Hijo del hombre será entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley. Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen. Pero al tercer dí­­a resucitará."

Encima de su cabeza pusieron por escrito la causa de su condena: "ÉSTE ES JES'US, EL REY DE LOS JUD'IOS."

Salmos 118:25-26

Señor, ¡danos la salvación! Señor, ¡concédenos la victoria! Bendito el que viene en el nombre del Señor. Desde la casa del Señor los bendecimos.