Y no contristéis al Espí­­ritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el dí­­a de la redención.

Ezequiel 36:27

Y pondré dentro de vosotros mi Espí­­ritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

Génesis 1:1-2

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vací­­a, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espí­­ritu de Dios se moví­­a sobre la faz de las aguas.

y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espí­­ritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espí­­ritu les daba que hablasen.

pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espí­­ritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.

Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espí­­ritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios.

Pedro les dijo: Arrepentí­­os, y bautí­­cese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espí­­ritu Santo.

Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espí­­ritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.

Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espí­­ritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.

Hechos 19:5-6

Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús. Y habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espí­­ritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban.

Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espí­­ritu Santo también como nosotros?

I Corintios 6:19-20

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espí­­ritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espí­­ritu, los cuales son de Dios.