No comí­­ pan delicado, ni entró carne ni vino en mi boca, ni me unté con ungüento, hasta que se cumplieron tres semanas de dí­­as.

Ayunamos pues, y pedimos á nuestro Dios sobre esto, y él nos fué propicio.

Entonces habiendo ayunado y orado, y puesto las manos encima de ellos, despidiéronlos.

Ministrando pues éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espí­­ritu Santo: Apartadme á Bernabé y á Saulo para la obra para la cual los he llamado.

Isaí­as 58:6

¿No es antes el ayuno que yo escogí­­, desatar las ligaduras de impiedad, deshacer los haces de opresión, y dejar ir libres á los quebrantados, y que rompáis todo yugo?

Por eso pues ahora, dice Jehová, convertí­­os á mí­­ con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y llanto.

Por cuarenta dí­­as, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos dí­­as: los cuales pasados, tuvo hambre.

Mateo 6:17-18

Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza y lava tu rostro; Para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.

Y cuando ayunáis, no seáis como los hipócritas, austeros; porque ellos demudan sus rostros para parecer á los hombres que ayunan: de cierto os digo, que ya tienen su pago.

Y él estuvo allí­­ con Jehová cuarenta dí­­as y cuarenta noches: no comió pan, ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras de la alianza, las diez palabras.