II Tesalonicenses Capítulo 2 — Reina Valera 1995 — Iglesias de Dios

II Tesalonicenses 2:1-17

Manifestación del hombre de pecado
1 Con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos,
2 que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espí­­ritu ni por palabra ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el dí­­a del Señor está cerca.
3 ¡Nadie os engañe de ninguna manera!, pues no vendrá sin que antes venga la apostasí­­a y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición,
4 el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto, que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios.
5 ¿No os acordáis de que cuando yo estaba todaví­­a con vosotros os decí­­a esto?
6 Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste.
7 Ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio.
8 Y entonces se manifestará aquel impí­­o, a quien el Señor matará con el espí­­ritu de su boca y destruirá con el resplandor de su venida.
9 El advenimiento de este impí­­o, que es obra de Satanás, irá acompañado de hechos poderosos, señales y falsos milagros,
10 y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.
11 Por esto Dios les enví­­a un poder engañoso, para que crean en la mentira,
12 a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.
Escogidos para salvación
13 Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espí­­ritu y la fe en la verdad.
14 Para esto él os llamó por medio de nuestro evangelio: para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.
15 Así­­ que, hermanos, estad firmes y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra o por carta nuestra.
16 Y el mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia,
17 conforte vuestros corazones y os confirme en toda buena palabra y obra.
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